Venezuela: ¿Sigue viva la revolución bolivariana?

Como es sabido, el pasado 3 de enero, los Estados Unidos de América lanzaron un violento ataque militar contra Venezuela, destruyendo las infraestructuras fundamentales del país, dejando más de cien muertos y secuestrando al Presidente Nicolás Maduro (y a su esposa Cilia Flores).

Eneko Compains Silva

Sin duda, el ataque supuso un salto cualitativo enorme, pero no ha sido el punto de partida de la estrategia yanqui de agresión contra Venezuela, pues el país ha estado bajo su ataque a lo largo de la última larga década, imponiéndole duras sanciones económicas y financieras (similares a las que padece Cuba). Han sido precisamente esas sanciones las que han puesto en grave aprieto los enormes logros sociales del chavismo y las que han provocado una migración masiva desde el país.

Desde el punto de vista jurídico, como es evidente, no hay por dónde coger el ataque del 3 de enero: es una grave vulneración de la Carta de las Naciones Unidas, pues según su artículo 2 los Estados tienen prohibido atacar por la fuerza o amenazar con la fuerza a otro Estado soberano. Políticamente, en cambio, nos sitúa en la era de la "extorsión desnuda". Ya no hay teatro, ni tampoco necesidad de disfraz por parte del Imperio. Es decir, los ataques no tienen que disfrazarse de democracia o de derechos humanos; petróleo, petróleo y petróleo, nada más. El propio Trump lo confirmó así en la rueda de prensa para justificar el ataque, para asombro de muchos periodistas "progres".

Desde entonces, en Venezuela se ha abierto un escenario atípico: Por un lado, no se ha dado el "cambio de régimen" que los yanquis siempre han querido, entre otras cosas porque la Casa Blanca ha reconocido que María Corina Machado no tiene suficiente apoyo en el país (recuérdese que nos dijeron que había ganado las elecciones con un apoyo del 70%. ¡Menuda mentira!).

Por otro lado, se está obligando a Venezuela a vender su principal riqueza, el petróleo, en condiciones neocoloniales, bajo un esquema de extorsión negociadora, en el que las autoridades chavistas, con la pistola en la cabeza, están siendo obligadas a realizar varios cambios legales (incluida la Ley de Hidrocarburos) para hacer sitio a las empresas yanquis en condiciones más ventajosas.

En este difícil contexto, hay quien ha dicho que estamos ante una traición y que el gobierno que dirige Delcy Rodríguez se ha rendido ante los yanquis, pero esa no es mi opinión. Al contrario, creo sinceramente que, aunque sea con varios errores, está haciendo algo que en sí mismo es muy leninista: el análisis concreto de la situación concreta; y, partiendo de ahí, desde la conciencia de las propias debilidades y de las amenazas externas, plantear una salida real, para mantener viva la posibilidad de avanzar en la revolución en el momento más difícil. ¿Qué otra cosa debía hacer la dirección del chavismo, responder militarmente al ataque militar yanqui para que Caracas quedara como Gaza? ¿Inmolarse?

Lenin lo decía claro: "Aceptar la batalla cuando es claramente ventajosa para el enemigo es criminal; los dirigentes políticos de una clase revolucionaria serían del todo inútiles si no supieran «maniobrar» o proponer «conciliación y compromiso» para eludir una batalla desfavorable".

Dicho de otra manera: hace falta cintura táctica para saber cuándo hacer concesiones; y claridad estratégica para que la revolución no pierda la posibilidad de avanzar. Así lo hicieron los bolcheviques en 1918, cuando aceptaron con Alemania la "humillante" paz de Brest-Litovsk, entregando a Alemania amplios territorios e inagotables riquezas. Eso les dio la posibilidad de ganar la Guerra Civil en Rusia y de sostener al nuevo gobierno soviético.

Salvando las distancias, en este caso ocurre algo parecido: Venezuela no tenía posibilidad de salir indemne ante una guerra aérea de los estadounidenses. No tiene los misiles que tiene Irán, y China y Rusia no han tenido la posibilidad/voluntad de establecer un escudo militar para defender al país caribeño. Por si fuera poco, hoy por hoy, el país bolivariano apenas tiene aliados en Latinoamérica (recuérdese que fue Brasil quien los dejó fuera de los BRICS). Ojalá en un futuro próximo cambien las cosas, pero esa es, guste o no, la cruda realidad; por ahora.

Por eso, a corto plazo tendrán que hacer algunas concesiones, entre otras cosas para ganar tiempo y ver cómo evoluciona el panorama internacional; pero eso no significa que el chavismo se haya rendido o que no tenga un plan para avanzar. ¿Cuál es el plan? Primero, reforzar la paz y la unidad nacional en el país, para evitar el golpismo; segundo, revitalizar la industria petrolera (aunque sea con inversión extranjera), para recuperar las fuentes de ingresos y mejorar las condiciones de vida del pueblo llano; y tercero, traer cuanto antes a casa a Maduro y a Cilia, entre otras cosas porque Maduro es el Presidente que Venezuela ha elegido. Y mientras tanto, por supuesto, la organización de millones de ciudadanos en las comunas y en los consejos comunales, con el socialismo como objetivo, como en todos estos últimos años.

Si el lector repara con rigor en la realidad, dejando de lado las palabras del bocazas y mentiroso de Trump, verá claramente que el chavismo ya está avanzando en todos esos ámbitos: han empezado a levantar las sanciones económicas, la oposición golpista está más arrinconada y están preparando de la mejor manera la defensa de Maduro. ¡Vayamos, pues, de su mano!

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