Natxo Ibargüen, un vasco huido de la guerra, se trasladó a Nueva York. En 1932 nos encontraremos en el Rockefeller Center a 250 metros de altura sin protección
y un almuerzo sentado sobre una viga. La imagen es muy conocida en el mundo: “Lunch atop a Skyscraper”.
Encontrar imágenes de un vasco almorzando, no es desde luego nada excepcional. Ahora bien, sí es destacable el que haya un vasco entre los once obreros que aparecen retratados en la icónica
fotografía “Almuerzo sobre un rascacielos” publicada el 2 de octubre de 1932 en el New York Herald Tribune.
Esta fotografía es universalmente conocida. En ella, un grupo de obreros descansa tranquilamente sobre una gran viga de hierro situada en el piso 69 de la torre RCA Rockefeller Center de Nueva York, en aquel momento en construcción.
Nuestro paisano es Natxo Ibargüen, nacido en 1899 en la villa vizcaína de Balmaseda. En la imagen se reconoce a Ibargüen ofreciendo lumbre a otro trabajador; es justamente el segundo por la izquierda.
Ibargüen emigró a Argentina huyendo de su más que probable reclutamiento para la guerra del Riff en Marruecos. Posteriormente se desplazó a Bristol en Inglaterra y anduvo navegando por todo el mundo. Tras este breve periodo, nuevamente atravesó el charco para afincarse en la metropolitana Nueva York a comienzos de los años veinte. En esta ciudad conoció a la que sería su mujer, Esperanza Ojinaga, con la que tendría cuatro hijos. Es precisamente a través de su esposa y uno de sus hijos como se pudo conocer esta historia años después de la muerte de Ibargüen.
La famosa instantánea no retrató un momento espontáneo de la construcción del edificio, sino que se solicitó a los trabajadores que posaran para el fotógrafo que se cree pudo ser Charles C. Ebbet. La publicación de la imagen pretendía simbolizar la capacidad de superación de Nueva York en particular y de EEUU en general; el poder de resurgir y renacer tras la grave crisis económica de 1929.
La imagen también trae a primer plano el papel de la clase obrera como actor principal en la acción social del mundo contemporáneo.
Teniendo en cuenta el riesgo de seguridad que tuvo ese sui generis almuerzo, cabría plantearse sobre qué bases se produjo el crecimiento de la economía estadounidense hasta llegar a ser una potencia mundial. Condiciones laborales precarias que al igual que hoy se siguen produciendo a costa de la salud y la vida de los y las trabajadoras. Una precariedad mayor aún en personas migrantes, que al igual que Ibargüen salieron de sus naciones de origen en busca de un futuro. Los compañeros de Ibargüen eran nativos algunos, pero otros eslovacos o irlandeses, jugándose la vida en la construcción de los pilares del imperio global.
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