La historia de los kilikis de Villava no es solo una crónica de figuras de cartón; es el relato vivo de nuestra Villa. Todo comenzó a mediados del siglo XX, cuando un grupo de jóvenes decidió rescatar del olvido a dos viejos kilikis de la iglesia. Aquello prendió una mecha de ilusión que en décadas todavía no se ha apagado. Han pasado muchos años desde que comenzó esta gran historia, pero fue en 1995 cuando se fundó la comparsa de kilikis de Villava que siguió dando vida a los siete protagonistas que marcaron a muchas generaciones:
Había una vez un Cartero “feliciano” que repartía alegría en lugar de cartas, y una Reina Nueva (nuestra querida “Rubia”) cuya influencia entre la juventud era ley. Junto a ellos, el Policía, aquel hombre que trataba de instaurar el orden, y la Reina Vieja (la “Morena”), dueña y señora de los montículos. Desde Cuba llegaron el Puro y la Negra, dos personajes que se enamoraron de Atarrabia y decidieron quedarse para siempre. Y, por supuesto, la Bruja, que bajaba del monte Ezkaba para asustar —con cariño— a los más traviesos. En 1997, el Demonio cerró el grupo, bajando del infierno invitado por la bruja para sumarse al baile.
Pero el tiempo no perdona, y en 2014 los veteranos buscaron relevo. El Demonio, lesionado, cedió su berga a su Hijo, un joven igual de travieso. En 2015, el Policía y el Cartero dieron paso a la energía de Pedrito el Cura y el Arlequín. Un año después, la Reina Nueva dejó su sitio a la dulce Mirentxu, la campesina más trabajadora. En 2017 despedimos a la Reina Vieja para recibir a Catalina; aunque al principio le costó encajar, hoy todavía se le corea allá donde va el ya famoso “Catalina dimisión”, sabemos que el pueblo la adora. Finalmente, en 2018, el Puro y la Bruja se retiraron para dejar paso al guerrero Nahar, que cambió la espada por el baile, y a la Hija de la Bruja, una joven peculiar que busca la mirada de los niños.
Detrás de cada máscara están las manos de Aitor Calleja y Mikel Eraso, artistas que cuidan y reparan estas joyas. Y bajo ellas, estamos nosotros: jóvenes entregados cuyo único motor es devolver la alegría que recibimos de pequeños. Desde viajes inolvidables como nuestra aventura en Catalunya en 2024, hasta citas que llevamos en el corazón, como el Atarrabiako Eguna. Gracias a Etxebeltza por ese almuerzo que nos preparais con tanto cariño y por contar siempre nosotros. ¡Por muchos años más!
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