En el corazón de esta propuesta late un conflicto ancestral, el choque entre la tradición y el cambio, entre el bien y el mal personificados en las figuras de Atarrabi y Mikelats.
Este choque se manifiesta también en la división entre los Terrenales (agricultores, ganaderos y artesanos, cubiertos la parte de debajo de la cara y representando la tradición) y los Industriales (trabajadores del Batán, cubiertos la parte de arriba de la cara y representando el progreso).
Los dos sectores están arraigados en la villa que representando respectivamente la defensa de la tierra y el progreso industrial. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, ambos sectores son indispensables para la subsistencia de la comunidad, como lo simboliza Mari, la síntesis perfecta de ambos extremos. Mari representa la armonía entre la tradición y el cambio.