Hoy en día gracias a ellos podemos bailar Euskal Dantzak en la plaza del pueblo, gracias a ellos las mujeres podemos tener estudios, podemos luchar por las condiciones laborales, gracias a ellas podemos hablar en euskera, organizarnos. Y gracias a nosotros, ¿qué? ¿Algo?
Somos #jóvenes que poteamos en los bares, que llevamos el móvil del bolsillo a mano y de la mano al bolsillo, que vamos al monte los domingos, que el martes tienen entrenamiento de balonmano, que nos hemos emborrachado en la era coronavirus y que no somos, que aman el conocimiento de los nuevos lugares y que bailamos desde donde sólo estamos frente al espejo de la habitación. Somos todo eso, pero también somos muchas cosas más.
Vivimos la precariedad en nuestras superficies, llevamos una o dos crisis económicas en la mochila, estamos inmersos en un proceso de aprendizaje interminable, estamos en paro, no podemos emanciparnos del hogar familiar. Todavía tenemos dificultades para reconocer a los miembros de la familia a quién queremos o para resolver dudas sexuales.
Como chicas* y jóvenes seguimos siendo hipersexualizados, juzgados y atacados por nuestros cuerpos. Pero todo esto nos ha enseñado el camino, como la moneda tiene dos caras, hemos puesto cara a cada situación injusta y hemos abordado la lucha correspondiente.
Porque somos gracias a ellos, pero porque gracias a nosotros queremos que sean las calles, los bares, los polideportivos, los teatros y las redes.
Algunos creen que durante la pandemia la juventud ha saltado de botellón a botellón, mientras que si se apaga la televisión y se mira por la ventana, la realidad es diferente.
La juventud de Atarrabia gritó en noviembre que nuestra opción son las vidas, expresamos nuestra solidaridad con los pueblos palestinos y colombianos en mayo y hemos estado detrás de estas cartas de solidaridad a los presos durante todo este complicado periodo.
La juventud de Atarrabia terminó con la inactivación y ofrecimos plaza a los fundadores de la localidad, organizando excursiones y celebrando el Día de las Cuadrillas de una manera segura.
Las jóvenes* de Atarrabia hemos respondido firmemente ante los ataques del sistema heteropatriarcal capitalista, hemos cubierto la plaza el 8 de marzo y tenemos claro a dónde tenemos que dar los pasos para nuestro empoderamiento.
Estamos contentos pero no conformes. Ante la desactivación disfrazada de pandemia, trabajamos en una juventud rebelde y organizada. ¡Hay mucho que hacer, pero estamos preparados y satisfechos!
¡Nosotros también somos y seremos, tenemos todo para cambiar!
Joven y rebelde.
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